En primer lugar el mototaxismo es un problema de salud pública si se tiene en cuenta los altos índices de accidentalidad de quienes se movilizan en estos vehículos. Sin la protección que brindan los automóviles o los buses, el conductor o pasajero de moto está expuesto a todos los riesgos posibles; por esta razón un accidente que en otro vehículo solo produciría heridas leves, en éste termina causando lesiones de gravedad y, en muchos casos, la muerte.
En segundo lugar es un problema de orden social. Aunque no hay cifras exactas se calcula que una buena parte de las casi dos millones de motos que circulan por las calles y carreras de Colombia están dedicadas a este negocio de subsistencia. Es de anotar que cada vehículo representa un ingreso, el único, para el conductor y otro (no siempre el único ingreso), para el propietario. La gran cantidad de personas (no solo hombres) dedicadas a la actividad del mototaxisamo es un nuevo motivo para pensar en la gravedad del problema de la desocupación en Colombia y especialmente en la Costa Atlántica, así las cifras oficiales sean cada vez más alentadoras.
En tercer lugar es un fenómeno con un componente económico bien importante. El parque automotor creció notablemente en todas nuestras ciudades y pueblos Pero más motocicletas en poder de los conductores significa también más venta de repuestos, más talleres, más mecánicos. En fin, encontramos aquí un elemento dinamizador de la economía con su respectivo efecto multiplicador.
El caso no es tan sencillo y por lo tanto no puede ni debe resolverse con un decreto señalando prohibiciones y multas. La solución debe ser integral e incluir por lo tanto la atención y prevención de la accidentalidad; el control del tránsito, afectado por el exceso de vehículos de dos ruedas; soluciones al delicado tema del desempleo y consideraciones que no dejen de lado las dimensiones económicas y humanas que ha adquirido el asunto. Como se ve, el mototaxismo es un problema de fondo y debe tratarse como tal.
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